El Entrenador y la Psicologia


Ser entrenador demanda no sólo los aspectos técnicos sino también el desarrollo de la confianza de los jugadores. Los jugadores pueden afrontar la competencia y la vida con la mayor cantidad de recursos y de convicciones, tomar decisiones, manejarse en contextos adversos, tolerar el fracaso, comprender situaciones, aceptar que un compañero o un árbitro se equivoque, crear sueños y luchar por ellos. Es difícil encontrar un entrenador que no crea que recibió dones sobrenaturales para que con su sentido común comprenda acabadamente todo lo referido a lo mental. 

El entrenador debe saber escuchar y permitir que los jugadores manifiesten sus emociones y sus convicciones. De esta manera, el jugador acomoda los distintos recursos que tiene en su interior. Al expresarse y experimentar que sus sentimientos son comprendidos y tolerados, puede ver lo que está pasando por su mente y trabajar para desarrollar la confianza que necesita. 

El jugador está dentro de un equipo pero toma decisiones solo y debe aprender a tener la madurez y la autonomía para desarrollar esa habilidad. Por esta razón, es bueno que cada jugador tenga cierto grado de ensimismamiento, que implica no estar tan pendiente de los demás. Los equipos son un grupo de mentes que tienen la capacidad y la confianza para trabajar de manera coordinada hacia una visión común. Sin embargo, a nivel mental no hay una mente de equipo, aunque el resultado sea conjunto, el rendimiento mental siempre es individual. 

El entrenador que critica o insulta a sus jugadores demuestra que su desesperación lo tiene fuera de control. 

Los comentarios críticos durante el encuentro son contraproducentes. Sólo sirven para que el entrenador descargue su temor. Son máximamente inútiles cuando estos comentarios son generales, como por ejemplo pedir tranquilidad, o correcciones técnicas volcadas a todo el equipo. 

El jugador puede tener una predisposición a aceptar las críticas del entrenador para construir un juego mejor, pero si el jugador no está listo para un alto nivel de crítica, los comentarios terminan siendo contraproducentes. 

No se puede pretender que un jugador tenga la confianza de un adulto si se lo trata como un niño. 

Los estados anímicos como la atención, la concentración no se pueden pedir, se deben trabajar. Los jugadores están concentrados, atentos y animados tanto como confianza tengan. 

No se debe tratar de que desaparezcan notas propias de la naturaleza humana, como por ejemplo que todos quieran comunicarse o que las mujeres conversen mucho entre ellas mismas. Esas notas hay que incorporarlas dentro de la dinámica del equipo porque tratar de cambiarlas es una perdida de tiempo y un esfuerzo totalmente estéril. 

No se debe confundir el estado de jolgorio de un equipo con el entusiasmo propio de un equipo que tiene un buen nivel de confianza. Pretender disciplinar al equipo eliminando su entusiasmo es contraproducente y es propio de entrenadores o técnicos que no tienen mucha confianza ni en sí mismos ni en sus jugadores. El jugador no perdona que el entrenador no tenga confianza en ellos. Esto no quiere decir que se tenga que pensar que está haciendo bien lo que está haciendo mal, pero si, el jugador tiene que sentir que se cree en su potencial de superación. 

Un entrenador que está retando todo el tiempo a sus jugadores no sabe como construir confianza. 

Los entrenadores debieran identificar su nivel de confianza con el equipo. 

Los jugadores no tienen que hacer todo lo que el entrenador les dice, si deben considerarlo pero no necesariamente hacerlo sino hasta que estén convencidos de que es lo mejor a realizar en el juego. El entrenador debe transmitirles que no lo deben obedecer sino considerar, a menos control mas confianza. 

Entrenamientos 

Los entrenamientos son encuentros intensos de práctica y comunicación con los jugadores donde el entrenador ajusta las fallas que vio durante el partido. 

Todas las correcciones del sistema del juego y de los detalles técnicos se deben realizar en el entrenamiento. En el momento del partido sólo hay que recordar por arriba el sistema de juego pero no los detalles menores. Sobre estos hay que confiar en que el trabajo en el entrenamiento estuvo bien realizado y que los jugadores lo van a realizar bien. Los errores que surjan en el juego deben ser anotados y trabajados en el próximo entrenamiento. 

Los comentarios sobre estas fallas no se deben hacer de cualquier modo, sino que la habilidad del entrenador reside en encontrar las palabras para que en la mente del jugador no quede un registro negativo. Todas las correcciones deben basarse en el reforzamiento positivo. Si la corrección es una crítica negativa el jugador no escuchará o perderá parte de su confianza. 

Los delanteros de los equipos deben tener una preparación mental especial orientada a la concreción del gol. Esta preparación tiene que combinar de manera excelente los niveles técnicos y de autonomía, criterio y creatividad del delantero, para que su impulso y visión de gol no encuentren en la técnica una limitación. 

Hay una diferencia muy grande entre el momento del entrenamiento y el momento del juego que el entrenador y el jugador deben comprender acabadamente. En el entrenamiento se analizan y trabajan los puntos desde el punto de vista estratégico y técnico; pero llegado el momento del juego todo se hace con una síntesis instintiva e intuitiva. A la pelota se le pega con la mente, con la técnica. El juego es una síntesis mas allá de la técnica. En el juego la técnica solo se puede ver desde afuera, el que juega resuelve el juego de otro modo. 

Si el jugador empieza a realizar análisis o consideraciones técnicas en medio del partido está perdido. 

Concentración Previa 

Es muy bueno que los jugadores compartan un buen momento distendido y alegre en la concentración previa al encuentro. 

Partido 

Nunca se debe hacer un cambio por el hecho de que el jugador haya cometido un error, y si el cambio se iba a realizar y el jugador comete un error, es conveniente esperar y realizarlo después. Si el jugador siente que se lo sacó por el error no volverá a intentar jugar por temor a equivocarse, y esto atenta contra la confianza. 

El técnico autosuficiente no se apoya en un asesoramiento profesional porque siente vergüenza de parecer que necesita de un psicólogo. La clave del alto rendimiento no es necesitar ayuda sino aprovecharla al máximo. Un entrenador de alto rendimiento es el que confía que su equipo y sus colaboradores saben hacer las cosas muy bien y lo pueden ayudar a ser mejor. 

Las correcciones desde afuera de la cancha sólo generan desconfianza en los jugadores, que por respeto al entrenador no les devuelven el comentario con un insulto. El jugador se siente pleno en la confianza de desplegar un juego valioso, y todas las críticas que se dan en ese momento sagrado son percibidas de manera negativa. El jugador sólo espera que su técnico le exprese que confía en el y eso se traduce en que no tiene que estar desde afuera del campo relatándole lo que tiene que hacer a cada momento. 

En el juego por equipo cada jugador debe focalizarse en el rol que debe cumplir para desempeñarse bien. Si se da el lujo de irse con su cabeza a otro lugar, donde pretende hacer justicia o descargarse emocionalmente, olvida que deja un grupo del cual forma parte y es responsable. Actitud que le otorga una ventaja al equipo contrario. Todo el equipo sufre una caída en la concentración. Más aún si la reacción del jugador termina en una expulsión, que implica dejar al equipo en inferioridad de condiciones, con la desventaja que da tener un jugador menos de la cancha. 

Se deben despejar todos los agentes que favorecen la desconcentración. El sentimiento de impotencia es la madre de la violencia y se elimina con el desarrollo de la confianza. La confianza se desarrolla en un esquema de juego estable y homogéneo. Por eso no se debe entrar en la provocación de analizar y criticar el arbitraje, o a los adversarios o peleas con los propios compañeros, inclusive muchas veces para no romper la estabilidad es necesario no escuchar al entrenador. Entrar en estas provocaciones rompen el ritmo homogéneo con quiebres. Estos quiebres también se pueden dar por las tantos, ya sean a favor o en contra, es decir, todas las alteraciones que tienen que ver más con el resultado y no con el juego. 

Los partidos son pruebas de obstáculos. Los obstáculos fáciles son los obvios como por ejemplo el otro equipo, y los difíciles son los encubiertos, aquellos obstáculos en los que se entra sin darse cuenta. Estos últimos son las llamadas provocaciones que vienen del análisis del arbitraje, de las discusiones con el equipo contrario, o con la tribuna. Aquel que consigue no entrar en esas provocaciones y que puede seguir metido en el mejor despliegue de su juego está en el estado óptimo del alto rendimiento. 

Los equipos excelentes son los que terminan jugando bien el partido, no los que lo empiezan bien. 

Entretiempo 

El entretiempo es un momento donde el entrenador debe tranquilizar y redoblar la confianza de su jugador o jugadores. El reforzamiento positivo en el entretiempo es fundamental y sólo se deben marcar pequeños cambios tácticos que nunca deben ser planteados como errores o críticas. 

En el entretiempo no hay tiempo para absorber conocimientos. Si el entrenador se centra en marcar los errores que se cometieron, la única idea que prima en la cabeza del jugador es que se equivoca. 

El psicólogo deportivo colabora con el entrenador para poder transmitir sus conceptos sin el formato de reprobación.

Fuente: Psicologia del deporte
www.psicologiadeldeporte.org