La palabra de Julio Velasco



Julio Velasco: "Sé que si pierdo me van a masacrar” 

“No tengo expectativa de cambiar el exitismo que hay acá. Sé que si pierdo me van a masacrar, pero no es mi preocupación. Toda mi energía está puesta en mejorar el equipo, por eso digo que vine zen”, manifestó Velasco en referencia a la palabra tomada del budismo que señala un estado de relajación.

En ese sentido, el técnico platense, de 62 años, amplió su filosofía de cómo conducir un grupo. “Estoy harto de proclamas. No pongo objetivos de resultados ni nada. Digo: resolvamos las cosas chiquitas. A mis jugadores lo único que les voy a pedir es que juguemos bien al voley”, indicó. 

“No tenemos que ser modelo de nada. No nos creamos los mejores ni los peores, laburemos en vez de hablar. En el vóley no se puede ganar si no jugás bien. No es como en el fútbol. El vóley es un deporte de precisión”, explicó mate en mano en diálogo con periodistas. 

El otro gran interés de Velasco pasa por “la motivación” de los jugadores. “No me refiero a lo que un jugador quiere hacer, sino a lo que está dispuesto a renunciar”. 

Saber decir que no es difícil, más cuando sos joven. Pero los entrenamientos son muchos e intensos. El que no renuncia a ciertas cosas, como salidas de noche durante la semana de práctica, va a entrenar mal o se va a lesionar”, enfatizó. 

“Mi método es en gran parte sacar lo mejor de cada jugador, capacidades que por ahí¡ tienen adormecidas”, completó. 

Fuente: Diario los Andes 
www.losandes.com.ar


“El que quiere ayudar al equipo argentino no tiene que crearle presión” 

“Los jugadores argentinos ya tienen mucha presión, como la han tenido los del equipo de fútbol. Saben que tienen un país atrás para obtener una victoria. No necesitan ulteriores responsabilidades; al contrario, necesitan que la gente les diga «no te preocupes, hacé lo mejor que puedas que nosotros vamos a estar a tu lado».” 

“Me falta mucho la charla con los amigos, ir a tomar un café. Pero... La Argentina sigue siendo un país hermoso para vivir; pero es muy difícil para trabajar. Al que hizo una experiencia de trabajo en el exterior le cuesta mucho volver. Porque acá se toman como normales cosas que para uno ya no son normales”, se queja. 

“Una de las cosas que más me molestan de la Argentina es el no respeto a las reglas. Todo es discutible, todo es interpretable. No me da vergüenza mostrarle a un extranjero la pobreza que hay en el país; me da más vergüenza la corrupción. No me lo banco.” 

No, no es un problema de desarrollo. Es un problema de mentalidad. De los jugadores, de los dirigentes y de cómo se quieren hacer las cosas. No es un tema de recursos; en República Checa tampoco hay tantos recursos. Yo me arreglo; lo atamo’ con alambre, pero lo atamo’ prolijo con alambre. Ese es el punto. 

“Porque el problema no es que se ata con alambre; es que se ata mal con alambre. Y se justifica que se ata mal porque es con alambre. Y con el alambre se puede atar bien o mal. Pero es una discusión imposible de hacer en la Argentina; sobre todo para uno que viene de afuera. El problema de hacer las cosas bien o mal no se pone como problema. Nunca se lo tiene en cuenta. Esa es una mentalidad muy argentina.” 

Por Diego Quinteros 
De la Redacción de LA NACION 


Así lidera uno de los entrenadores argentinos más exitosos del mundo 

“En un equipo, los roles de cada integrante tienen que estar bien diferenciados”, dice, el entrenador que fue técnico de Ferro. Motivación, empatía, exigencia y reconocimiento son algunas claves sobre las que se apoya el modelo de Velasco, un líder cuyos principios viven y triunfian mucho más allá de la pelota. 

Un líder primero tiene que marcar un objetivo, que si es demasiado ambicioso es un error y si es demasiado chico también. Tiene que ser suficientemente ambicioso para desencadenar grandes motivaciones, pero tiene que ser posible. Lo segundo es que el líder, antes que el carisma y cualquier otra cosa, tiene que saber mucho de lo que habla. Y tiene que saber los particulares, no algo en general. La gente cuando escucha a alguien hablar en general después de 10 minutos no lo quiere escuchar más. Tiene que saber mucho de lo que está hablando, y si no sabe mucho, apoyarse en gente de su staff. Un tercer punto es que tiene que ser un buen comunicador. 

En que es importante lo que uno dice pero más importante es lo que el otro escucha. Es clave la empatía y el concepto, porque a veces uno dice algo de determinada manera que cree que se entendió pero al final no, y sale mal. Si no se entendió es culpa de uno, porque el trabajo del líder es que el mensaje se entienda. A veces es hablando, otras es haciendo otras cosas, usando tecnología. La parte didáctica de la comunicación es fundamental. Lo otro que es muy importante es el tema de delegar y sobre todo de no sustituir, que a nivel del deporte no suele ser un problema pero en las empresas es un problema grande. 

En el deporte, aunque quiera, el entrenador no puede jugar, ya está viejo, no juega. El gran problema del liderazgo en las empresas es que el que dirige también juega, y muchas veces es el mejor, por eso es líder, y tiende a sustituir. Es un error que cometí en mis primeros años, cuando yo todavía jugaba. Decir ‘Esto se hace así, mirá que bien que lo hago yo’... Con eso no se logra nada. Nuestro trabajo es hacer que otro lo haga, no hacerlo uno. Es la capacidad de convencer, lograr que el otro haga lo que se necesita, y ayudarlo a que lo haga él. Y un último elemento clave en la conducción de grupos es la justicia. Es ser y parecer justos. No es necesario ser duro. Si tus dirigidos ven que sos injusto, se llenan de bronca. Si uno es duro pero es parejo, protestan pero no tienen bronca. 

El deporte se basa mucho en el desafío. Los desafíos son así. Aunque a muchos les suden las manos o el estómago antes de un partido importante, la emoción de pensar si se gana o se pierde, a mí me gusta. Esa vida me gusta y tengo miedo de perder esa emoción. Eso es lo que le pasa a los grandes empresarios. ¿Por qué tantos grandes empresarios después de ganar tanta plata siguen trabajando? No trabajan por la plata, trabajan por el desafío de ver a dónde puede llegar con su empresa, cómo mejorar su producto. Hay gente que trabaja 12 horas del día en una empresa como si pasaran hambre. Pero no es más por la plata. La empresa es su criatura, su vida, para un artista es su obra. A mí me gusta el desafío de empezar algo nuevo, de ver si puedo. Ese no saber pero pelearla para hacerlo es mi motor. 

No soporto las excusas porque no sirven para otra cosa que para explicar por qué se pierde. Eso de que ‘Y qué querés, estamos en Argentina’ es lo más cómodo, porque así está todo justificado. En Italia eran excusas para todo. Eran terribles. Se preguntaban por qué no ganaban y hablaban de motivos históricos o culturales. Y muchas veces se usan explicaciones que no tienen goyete. Me decían que el vóley necesita mucha concentración y que los latinos somos más para la creatividad. Pero que yo sepa, en los aeropuertos de los países latinos no hay más accidentes que en los del norte del mundo. ¿No será porque jugamos mal al vóley? De eso no se hablaba nunca. Muchas veces se usan explicaciones no para entender profundamente un fenómeno sino como excusa. La realidad es cómo es, no como uno quiere que sea. No acepto explicaciones generales, no porque no existen, sino porque simplemente no me sirven. La situación es esta, y tenemos que pensar en una solución en este escenario. Hay que reconocer los éxitos y exigir. Ese es el mecanismo. Pero cuando uno insiste en la calidad, uno la tiene que poner también. Es un compromiso. 

El principio de la creatividad es que debe resolver problemas. No sirve la creatividad porque sí, cuando no es útil. Tiene que llevar a una eficacia. En la música lo mismo, no es que uno puede tocar cualquier nota. Si desentona, desentona. Incluso en el jazz, que es un género de mucha improvisación, el solo siempre termina a tiempo con la canción. La creatividad tiene sus reglas. 

Por Esteban Lafuente
Revista Apertura