10 consejos para cambiar la comunicación agresiva


Hay expresiones y palabras que hacen daño. Hay comentarios restan más que suman. Sustituirlos puede mejorar la comunicación y el entendimiento. 

La forma de comunicarnos condiciona el trato que tenemos con otras personas, no solo por el contenido, sino por las formas, el momento que elegimos o la expresión de nuestras caras. 

Hay expresiones asesinas. Son aquellas formas de expresarnos a través del autoritarismo, dogmatismo, agresividad, comentarios humillantes y descalificativos, así como los reproches. Son el conjunto de todas las expresiones que nos hacen sentir mal, nos humillan y nos bajan la autoestima. Descalifican a la persona con la que hablamos. Ni suman, ni enseñan, ni motivan y tampoco generan aprendizaje en quien las recibe. 

Cuando nos expresamos de esta manera, bloqueamos la comunicación. La otra parte se siente atacada y trata de defenderse e impedimos que la atención esté en el contenido. Ejemplos de estas expresiones son: 

Las amenazas: producen miedo, sumisión y sentimiento de hostilidad. 
Las órdenes autoritarias: sólo demuestran autoridad. 
Las críticas mal formuladas, en las que se ataca a la persona sin especificar qué debe modificar de su comportamiento. 
Los nombres denigrantes, los insultos, que etiquetan al otro. 
Los “deberías” o “tendrías que”. Son expresiones dogmáticas, que generalizan, obligan, someten sin dejar que la otra parte tenga una opinión alternativa. 
Los elogios manipulativos con el fin de engatusar a alguien para que haga lo que tú deseas. 
Consejos no requeridos cuando la otra persona solamente desea que la escuchen. 
La sinceridad no controlada. No necesariamente necesitamos decir todo lo que se nos cruza por la mente. Hay que hacerse varias preguntas: ¿por qué quiero decir esto? ¿Tendrá una finalidad, la persona cambiará? ¿El otro desea oírlo? ¿Gano más que pierdo? ¿Me sentiré bien dentro de un rato cuando me haya desahogado? ¿O me sentiré peor por no tener autocontrol? 

Todos sabemos que son dañinas, que no conducen a nada, pero la falta de formación en habilidades sociales y emocionales, así como los hábitos a la hora de hablar y discutir, nos llevan a repetir patrones de comunicación que no conducen a nada. Copiamos modelos que observamos, nos dejamos llevar por lo que sentimos y los arranques emociones, y no introducimos filtros para controlar el temperamento. 

Pedimos a los niños que no griten, pero los adultos sí les gritan a ellos. Pedimos a los demás que se controlen y nosotros no lo hacemos. No se trata solo de lo que no hay que hacer, no gritar, sino de cómo se expresa el enfado o la frustración de forma correcta.

El entrenamiento en habilidades sociales y en técnicas de autocontrol es fundamental para poder expresar lo que deseamos sin hacer daño. No se ha demostrado que expresar enfado en un tono de voz conversacional, sin descalificar, sin elevar el volumen, haga que pierda efecto el mensaje. Hablamos alto, rápido, pausadamente o con agresividad según nos sentimos. A través del contenido y del modo expresamos cómo nos sentimos. Nos saltamos el sistema reflexivo porque la emoción de ese momento, el enfado, la frustración, los celos o la envidia nos hacen sentir mal, sufrimos y creemos que la manera de mostrar al otro nuestro estado emocional es a través del lenguaje y las formas dañinas. Y es una gran equivocación. Lo único que conseguimos con esta agresividad es que el otro trate de defenderse, de elevar el volumen más alto que el otro y de que la discusión se desvíe a otros derroteros. 

La regla para trabajar el autocontrol es esperar a estar en frío. No hay nada como mantener el control cuando la situación está caliente. Unas dosis de autocontrol es necesaria para la buena convivencia. 

Puedes seguir estos diez consejos: 

1- Plantéate si lo que vas a decir aporta algo o solo es una forma de liberar tu tensión.

2- Pregunta a la persona si es buen momento para hablar. No es posible comunicarse con alguien que en ese momento no está receptivo.

3- Trabaja el autocontrol valorando las consecuencias de gritar, humillar, reprochar o discutir en caliente. Es preferible que aplaces la conversación. Su el mensaje es escrito, vuelve a leerlo y trata de eliminar todo lo que sea ofensivo, humillante y no te lleve a nada. El cinismo, la humillación, el menos precio o lo que haga daño.

4- Sugiere, no ordenes. Sustituye los “tienes que” por “sería mejor ¿a ti qué te parece?”

5- No es “te lo dije”, es “¿y en qué te puedo ayudar ahora?”

6- Tira a tu basura interior palabras como jamás, nunca, siempre.

7- No empieces las frases por “eres un…” sustitúyelas por “me molesta…”.

8- Baja el altavoz y el tono amenazante. La persona así te escucha mejor.

9- Busca argumentos y razones, en lugar de agresividad y humillaciones.

10- Recuerda que la persona que tienes enfrente es una PERSONA, con emociones y sentimientos.

Lo que dices fruto de la reflexión y templanza, siempre tendrá más credibilidad que lo digas a voces. Cuida la comunicación. 

Patricia Ramírez 
Experta en Psicología Deportiva