Árbitros


Como hombre del deporte en general, y psicólogo dedicado a estos temas en particular, he tenido la oportunidad de presenciar muchos eventos deportivos: en diversas disciplinas, en ambos sexos, en categorías recreativas y en alta competencia, en grandes ciudades y en pequeños pueblos… y adivinen qué tienen en común la mayoría de las veces todas estas contiendas… sí, sí, acertaron: la opinión que el público (dentro del cual están los señores padres) tienen acerca del árbitro de turno. 

¿Qué le enseñamos a nuestros jóvenes cuando insultamos en la cancha al referí? ¿Por qué está instalado que la figura del árbitro debe recibir nuestra faceta más despreciable, y encima está bien que lo hagamos? ¿Dónde queda la coherencia adulta cuando nuestros propios hijos nos ven haciendo desmanes en un espectáculo deportivo? ¿Qué valores de los que decimos que nuestros hijos crecen por estar dentro del deporte estamos fomentando cuando nos escuchan ellos mismos referirnos a la madre, la hermana y la lora del referí? 

Algún psicólogo ilustre hace varios años dijo: “El ser humano aprende, ante todo, por lo que observa”. Alguno puede pensar que esto no es importante, que solamente lo hace cuando va a la cancha, que por otro lado es la cancha la que cumple la función de que se descarguen todas las broncas de la semana, sean del trabajo o de la casa, da igual. Que los chicos entienden, ellos saben que eso no se debe hacer, pero bueno, la emoción es más fuerte. Al fin de cuentas, eso es lo lindo del deporte, ¿no? La emoción. 

Además, la mala intención inunda la moral de muchos árbitros, y ese es el problema: el árbitro es “mala leche”. Pregunto: de qué clase de lácteo estamos hablando entonces, cuando un jugador desea que otro se lesione, o cuando un entrenador espera en silencio, pero con todo arreglado, que le vaya mal a un colega, o cuando un dirigente festeja el fracaso de su institución para tener el poder en el próximo período, ni qué hablar cuando un padre espera que el hijo de un compañero “dé asco” para que el suyo sobresalga. 

¿Tendrán que ver las “pequeñas” actitudes y comportamientos que tenemos en la cancha si de crear ambientes deportivos sanos se trata? Que errar es humano, y que la mala intención existe desde que el mundo es mundo, no cabe duda. Que alentemos a nuestro hijo cuando nos diga “quiero ser árbitro”, sí cabe duda. ¿Será así la cosa? 

Fuente: César Berhardt 

¿Cuándo un árbitro es importante? 

Los jueces se tornan importantes cuando no estás ganando por la suficiente diferencia. Nunca es importante un juez cuando ganas por veinte puntos. No se debe justificar la falta de capacidad propia con el desempeño de los jueces. Los equipos deberían poner su atención en sacar veinte puntos y no en discutir con los árbitros cuando la diferencia es de dos o cinco puntos. Hay que poner la energía en los aspectos del juego que está bajo tu control. 

Lo normal es equivocarse el 20% de las veces Tenemos que entrar a la cancha asumiendo que los árbitros tendrán un 20% de errores. Eso es lo “normal”. Entrar con esa idea te mantiene focalizado en los aspectos que podes controlar. Ves pasar ese 20% de errores como parte del juego, no como algo que los árbitros hacen para perjudicarte. Con esa mentalidad no reaccionas frente a los errores de los árbitros, los consideras su margen de error y te preparas para jugar el partido en el otro 80%.

Fuente: Carlos Saggio

Video: Imagenes de Euroleague y LNB Argentina
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Fabricio Salas
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