“Uno compite como entrena”. Es una de las frases más utilizadas en el deporte para explicar que el hecho de competir bien, es consecuencia de entrenar bien. Es decir, si tú entrenas a un nivel muy alto, competirás a un nivel muy alto. Pero la pregunta es: ¿Siempre es así? 

Por toda la gente que está vinculada al mundo del deporte, son conocidos los deportistas que parecen dos personas diferentes cuando entrenan y al competir. Este hecho se suele acentuar aún más en competiciones importantes o en situaciones decisivas. 

Está claro que entrenar bien es fundamental para mejorar la confianza o el aprendizaje de nuevas habilidades entre otros aspectos, pero para rendir en competición no siempre es suficiente con ello. 

Pues ¿Qué es importante a nivel psicológico aparte de entrenar bien? 

Existen un gran número de factores que pueden influir en esta inestabilidad de rendimiento. 

En mi opinión, uno de los más importantes aparece antes de empezar el entrenamiento o la competición: 

Hablamos de objetivos, ya que estos determinan de qué estará pendiente el deportista, es decir dónde focalizará su atención. 

Por ejemplo, si un deportista va al entrenamiento con el objetivo de aprender o de disfrutar, estará pendiente de los aspectos que vayan en esa línea, por ejemplo fijarse en su técnica, pasárselo bien, arriesgarse, etc. Al mismo tiempo, el hecho de estar pendiente de esos aspectos, hace que no esté tan pendiente del error o del resultado, motivo por el cuál le será más fácil sobreponerse a ello. 

Muchas veces el deportista no tiene claro en qué se concentra, de qué está pendiente o a qué le da más importancia cuando las cosas le salen bien. Tener conciencia de ello es fundamental para intentar tener un rendimiento estable. 

Por otra parte, a veces, al llegar a la competición se cambian los objetivos, consciente o inconscientemente, y por consiguiente también la concentración. 

Normalmente, debido a que lo más valorado de una competición son los resultados, el deportista suele incluir en sus objetivos habituales aspectos como el ganar o el demostrar. En otras palabras, está pendiente de más estímulos que en los entrenamientos lo cual supone una gran dificultad, su concentración está demasiado repartida y eso dificulta rendir igual que cuando tenía la concentración en menos estímulos. 

También hay que tener en cuenta que en competición aparecen una serie de elementos diferentes al entrenamiento que hacen que sea más difícil rendir: La presencia de público, la importancia del resultado, la repercusión de este, etc… son elementos que pueden generan en el deportista sensaciones, pensamientos o distracciones diferentes al entrenamiento. 

El saber gestionar dichos elementos tanto antes como durante y después de la competición, además de tener claro hacia dónde focalizar la atención, son dos piezas clave para poder tener un rendimiento estable. 

En este aspecto el papel del entorno del deportista, tanto a nivel deportivo (entrenador, preparador físico, psicólogo del deporte, fisioterapeuta, et.) como a nivel personal (familiares, amigos, etc.), es fundamental. Estos pueden ayudar al deportista a centrarse en lo que le hace mejor, así como en mejorar su habilidad para gestionar sus emociones. 

Raimundo de las Heras
Psicólogo Deportivo
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