Ese equipo debe quedar por lo que hizo como grupo


-¿Cómo se hace para no desenfocarse cuando uno es joven, tiene fama, dinero y exposición?
-No es un tema fácil de manejar. Tuve mis momentos. Pero siempre tuve un objetivo fijo. Yo salí de noche, tomé alguna copa, hice todo lo que debía en mi juventud, pero nunca me dejé llevar por nada externo que no haya sido jugar al básquet. Si yo había salido dos días seguidos, me frenaba automáticamente. Era imposible llevar un vida diferente si yo quería rendir los fines de semana. Pero también considero que es necesario tener una vida normal. A los 15 años, en Buenos Aires, me movía en los colectivos, andaba de un lado para el otro. Es necesario conocer qué pasa a tu alrededor, vivir una vida normal. Después cada uno saca sus conclusiones.

-¿Como se hace para manejar el ego? 
-No olvidarse que sólo se es ‘un jugador de básquet’. Esa es la realidad, no somos otra cosa. Cuando un jugador de básquet o de fútbol cree que tiene un poder o tiene que tener beneficios por ser deportista, me parece ridículo.

-¿Quién te pone a tierra? 
-La familia. El llegar a tu casa y lavar los platos. Llevar los chicos a la escuela. Te pone los pies sobre la tierra, porque cuando sos jugador y te van bien las cosas, pensás que el mundo es ese universo en el que vos vivís. En su momento me pasó, pero me fui dando cuenta que no era así. En Chicago, en la NBA, tenía todos los privilegios que se te ocurran. Tenía una niñera que me ayudaba y en mi casa no hacía nada. Eso para mí, porque mi mujer no lo necesitaba, ella siempre se bancó todo con los chicos. Y con el tiempo entendí que eso no era la realidad. En definitiva, llevar una vida normal te permite sacar un poco la cabeza del deporte y oxigenarte. 

-¿Qué es ganar para vos? 
-Bueno, ganar, la verdad que... Pasé muchos años sin ganar, pero eso no quiere decir que fueran malos años. Me parece que ganar es plantearse un objetivo y cumplirlo. Y mi meta era ser profesional del básquetbol y lo logré. Creo que eso es ganar. Pero también tuve éxito con mi mujer, con mis hijos. Los títulos son relativos y hasta ficticios. Porque puede haber muchos jugadores que ganaron cientos de campeonatos, pero no están conformes. Eso quiere decir que no ganaron. Siento que gané porque quería terminar bien mi carrera y pude hacerlo. 

-¿Qué representa en tu vida la Generación Dorada? 
-Es parte de una filosofía. La Generación Dorada, demostró que el argentino no es tan malo como pensamos. Creemos que somos destructivos, piolas, que las sabemos todas, pero no es así. Y me parece que con esa generación lo que logramos es trabajar en equipo que es lo que se debería transmitir. Ese equipo debe quedar por lo que hizo como grupo, por su compromiso, su capacidad para dejar los egos de lado y por pensar en el bien común. 

-¿La selección te enseñó jugar en equipo? 
-Sin duda y supimos dejar de lado los egos. Lo que sucedió es que cada uno supo qué hacer por el equipo y dejar todo tipo de egoísmo de lado. Pudo haber habido discusiones o roces, pero a la hora de jugar todo quedaba de lado y nos concentrábamos en el objetivo que perseguíamos: competir.


Fuente: Diario La Nación
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Fabricio Salas
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