La enseñanza y no el resultado


El deporte en general, y el básquet en particular, no resultan inmunes a la cultura del éxito a como dé lugar, tan propia de la sociedad actual. Desde que comienzan a asistir a un club, muchos chicos son contagiados por los adultos de esa necesidad de conseguir una victoria, a cualquier precio. El ganador escucha aplausos; el derrotado suele ver caras largas y ceños fruncidos. 

El programa de Formación, de la Confederación Argentina de Básquetbol (CABB), que se puso en marcha hace tres años, busca erradicar esta cultura. El director de este, desde hace unos 10 meses, es Silvio Santander. Según explicó, desde allí se trabaja para que se priorice, ante todo, la enseñanza y el desarrollo del chico. “El método CABB comenzó con la idea de contar con un manual para el entrenador de formativas de todo el país, que contenga sugerencias de pasos metodológicos a seguir a la hora de enseñar. Puntos que están más vinculados a la enseñanza y no al resultado, como ocurre en la actualidad, según un diagnóstico que realizamos”, dijo. 

- ¿En qué consiste el Método? 
Además de unir y de compartir conocimiento buscamos trabajar sobre algunos ejes de desarrollo, de la progresión de contenidos, de los programas que debe tener cada club; es decir, todo lo que genere pensar un poco más a mediano y a largo plazo, con la idea de que la selección mayor pueda estar nutrida de la mayor cantidad de jóvenes talentos posibles en un mediano plazo.

- En concreto, ¿qué implica unificar criterios? 
Queremos que los ejes en los cuales se trabaja sean similares en todo el país. Por ejemplo, hay una cuestión reglamentaria: la U13 tiene actualmente 11 maneras distintas de jugar en el país. Queremos unificar esto para que se juegue en todos lados igual, con la idea de que el chico, si cambia de club o si es convocado a la selección de su provincia, conozca una estructura de base.

- ¿Y en esto deben colaborar federaciones, clubes, entrenadores, árbitros y padres? 
Sin duda. Cada uno de esos estamentos compone una pieza clave. Por ejemplo, el padre debe contribuir a que se entienda que en las categorías de formación hay que enseñar y, precisamente, formar; y esto implica esperar. Si se persigue rápidamente el resultado, y ese mensaje se baja todo el tiempo en la casa, sólo se logra que el día del partido el chico quiera ganar a cualquier precio. Y esto altera el proceso correcto del desarrollo y de la enseñanza. Necesitamos que cada una de las partes nos ayuden a que podamos alinearnos en la misma dirección.

Fuente: La Gaceta

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Fabricio Salas
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