No vivo pensando que soy un ganador


En 26 temporadas como entrenador el druida serbio colecciona 33 títulos, entre ellos 9 Copas de Europa. En Belgrado, donde empezó su leyenda, buscará la décima corona en su 17ª presencia en la Final Four. En 1991, cuando era capitán del Partizan y de la selección yugoslava, le propusieron hacerse entrenador de la noche a la mañana. Tenía solo 31 años, pero aceptó el reto y comenzó una carrera memorable en los banquillos ganando la Euroliga a la primera. En 26 temporadas, Zeljko Obradovic (Cacak, Serbia, 1960) colecciona 33 títulos, entre ellos 9 Copas de Europa. En Belgrado buscará la décima corona en su 17ª presencia en la Final Four. 

Los otros tres entrenadores de esta Final Four [Itoudis, Laso y Jasikevicius] han sido discípulos suyos y han heredado su pasión. 
Me alegro mucho por los tres. Tengo una relación especial con ellos. Dimitris [Itoudis] fue mi ayudante durante 13 años en el Panathinaikos, y fue el padrino de mi boda y yo de la suya; a Saras [Jasikevicius] lo entrené durante cuatro temporadas y pasamos algunos veranos juntos; y a Pablo [Laso] también le tuve dos años en los 90. Es verdad que son unos apasionados del baloncesto, pero la pasión no es solo cosa de jóvenes. Yo mantengo una pasión grandísima, como el primer día, o más.

En su caso, ¿cuál es la clave para que sus equipos tengan siempre esa identidad competitiva? 
La identidad se construye con ambición. Aquí, en el Fenerbahçe hay mucha, desde las oficinas a la pista. Ya se nos considera uno de los grandes de Europa. En verano se marcharon tres piezas importantísimas como Bogdanovic, Udoh y Antic, pero entendimos rápidamente lo que necesitábamos para mantener nuestro nivel. Sabemos lo que queremos conseguir y hay mucho respeto entre todos. Soy muy feliz dedicándome al baloncesto y estoy trabajando en un proyecto que me encanta.

Usted, que es considerado un maestro, ¿qué aprendió de su maestro, Asa Nikolic? 
Muchísimas cosas, de baloncesto y de la vida. Aprendí la importancia de los pequeños detalles. Para no dejar de crecer hay que ser muy perfeccionista, no estar nunca contento, repetir mucho las cosas, hablar mucho con los jugadores, ser psicólogo. 

¿Cómo lleva ser más importante que sus jugadores? 
Yo no pienso así. La clave son siempre los jugadores, ellos son los que deciden todo. Yo trabajo para estar a su disposición y ayudarles a pensar solo en baloncesto. Soy duro, pero sé que al final siempre acaban encantados conmigo. Saben que les ayudo como personas y como jugadores.

Fuente: EL PAIS





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Fabricio Salas
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