La misma pasión y dedicación de siempre


Se termina mayo y en Buenos Aires gotea y hace frío. No tanto como pide la época, pero lo suficiente como para sentir que un sillón al lado de una estufa es el mejor lugar para estar. Pero la mañana en el Cenard encuentra a un hombre alto, con peinado particular, transpirando y moviéndose de un lado al otro bajo los órdenes del profe. Es Luis Scola, quien se entrena con Marcelo López. Sí, es el eterno capitán, con 38 años en el lomo y con la misma pasión y dedicación de siempre. Quizás, es una escena que a alguno le podría sorprender, porque bien podría estar en la casa disfrutando de un tiempo libre. Pero Luifa frena el carro rápidamente. “Yo siento que es al revés, que lo que choca es que acá no hayan cinco, seis, diez o quince personas más. Es una situación frustrante, pero que ya dejó esa sensación. Ahora me frustra que no sea frustrante”, larga el ala pivote sin dudar. 

-¿Por qué decís eso? 
-Es algo que en el mundo cambió hace años. Vas a los mejores equipos, que la mayoría están en la NBA, y ves a los tipos trabajando todos los días, seis o siete horas, con jugadores que llegan a las 8 de la mañana y se van a las 2 de la tarde, con mucha gente alrededor y materiales de trabajo por todos lados. Que nos sigamos sorprendiendo de que alguien trabaje de esa manera es frustrante. Al final, el recurso humano y esfuerzo nos pone a todos en el mismo piso. Yo jamás voy a poder ser LeBron James, pero puedo entrenarme como LeBron James, poner su misma dedicación, tiempo, esfuerzo y mentalidad. Eso es innegociable. Pero bueno, sabemos que hoy se trabaja de una manera mejor de la que estamos trabajando. Debemos entender que nuestros recursos siempre serán menos que otros que tienen más. Por ejemplo, que un aro esté roto es algo que está dentro de nuestra realidad como país. Pero sí frustra que a nadie le parezca una locura. Frustra que no se hagan cosas que podemos hacer por nuestra capacidad y recursos.

-¿Es algo que excede al deporte y es parte de nosotros como sociedad? 
-Puede ser, pero me rehuso a pensar que es así. Yo pienso que tenemos la posibilidad de hacer las cosas igual que el mejor lugar del mundo en cuanto a esfuerzo y dedicación. No así en cuanto a estructura y recursos. En cuanto a esfuerzo, no hay ninguna razón para que no podamos hacer lo mismo que en cualquier parte del mundo.

-¿Por qué frenó el generar jugadores o que tengan la posibilidad de salir? 
-Es que nosotros no estábamos generando jugadores, sino que se generaron naturalmente, salieron y se fueron, coincidiendo con el éxodo del país. La gran mayoría de esos jugadores se formaron afuera de jóvenes. Todos nos fuimos. Los que no se fueron con 17, se fueron con 20; o si no con 22. Desde los 18 hasta los 30 compitieron día tras día con los mejores jugadores del mundo. Cuando ese éxodo dejó de pasar, los jugadores dejaron de desarrollarse porque lo hacían afuera. Hay que aprender a buscar talento, que es lo que buscan los scoutings NBA. Hay que aprender de las capacidades físicas que tanto predominan en el básquet, aprender a entrenar a los jugadores con la manera en que se juega el básquet hoy en día, con jugadores atléticos, muy altos y largos, con capacidad de velocidad vertical, con roll, eliminando el poste bajo como se está eliminando en todas partes del mundo, desarrollando el tiro de tres puntos. Hay que desarrollar jugadores que puedan cambiar constantemente, donde un 4 ó 5 pueda defender a un base, desarrollar jugadores que puedan correr la cancha, que puedan defender todas las posiciones, que puedan tirar y poner la pelota en el piso... Esas son las directrices que marca el mejor básquet del mundo hoy en día, ésa es la mejor forma de jugar. Tenemos que ver cómo llegamos a ese punto.

-Nosotros tenemos un problema grave y muchos sectores, como la cúpula más alta de la CABB, lo identificaron. Hay mucha gente que todavía lo piensa como una virtud. Pero ese problema es que los chicos juegan 150 partidos al año, y eso es totalmente desproporcionado. Los chicos jóvenes no pueden jugar tanto. Deberían ser 20 ó 30 al año, y el resto del tiempo debería ser para trabajar física y técnicamente. Vos vas a un torneo de inferiores y ves a nuestros jugadores claramente mejores a la hora de entender el deporte, e incluso tienen algunas mañas o trampitas típicas nuestras. Pero, al mismo tiempo, son claramente inferiores física y técnicamente que los jugadores de Francia, España o Estados Unidos, por ejemplo. Eso pasa porque nuestros jugadores juegan constantemente en muchísimas partes del país: 150 partidos es uno cada dos días y medio, con viajes en el medio, la escuela y demás. Y no te deja tiempo para trabajar.

-Es que hoy, físicamente, la diferencia es abismal. Y no se puede jugar al básquet sin cualidades físicas y técnicas extremas, las máximas posibles. Ahí es donde perdemos. Los jugadores necesitan jugar mucho menos de lo que lo están haciendo. 
Cuando eso se lo digo a un jugador que creció acá, no tiene ni idea. Le preguntás cuál es su rutina y no sabe, no la tiene. Estos chicos estuvieron bajo la órbita NBA un par de años y entienden el concepto. Necesitamos más de esos chicos, necesitamos más de los entrenadores y de los dirigentes, que copien lo que pasa en los mejores lugares del mundo como la NBA. Esto está pasando, pero el camino es lento. El cambio en este aspecto empezó.

Simplemente vengo acá, me entreno, juego y cuando puedo dar una mano la doy, nada más. Podría estar haciendo otras cosas, pero estoy haciendo esto, que es mi trabajo. Mi trabajo es jugar al básquet y entre eso está la Selección. Me gusta jugar en la Selección y nada más. Mucha gente podría estar haciendo otras cosas diferentes, pero a mi me gusta jugar al básquet.

Fuente: Diario OLE

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Fabricio Salas
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