Es importante saber qué función ocupa la grasa en el cuerpo de un atleta. La nutricionista, Gabriela Parentini, explica que factores hay que tener en cuenta y como desarrollarlos.

Generalmente cuando hablamos de alimentación saludable destacamos el consumo de hidratos de carbonos complejos, fibras y proteínas de alta calidad biológica, dadas sus relevantes funciones en la provisión de energía y sustratos para formar tejidos y hacemos referencia a la restricción de alimentos ricos en grasas, debido a alta concentración de energía y a su participación en enfermedades crónicas no transmisibles. 

Sin embargo, debemos rescatar aquellos ácidos grasos esenciales, aquellos que son necesarios porque nuestro cuerpo no los produce y debemos consumirlos con la dieta. 

Sobre todo, en los planes de alimentación de un deportista, ya que son necesarios para optimizar el rendimiento y la recuperación y cubrir el valor calórico necesario según su gasto energético individual. 

Las grasas debes estar presentes en la dieta del deportista en cantidades adecuadas y siempre eligiendo las de mejor calidad como por ejemplo las de origen vegetal. Por otro lado, las grasas aportan energía que permite reducir la sensación de fatiga y además, resguarda el uso de proteínas para fines energéticos y cuida las reservas de hidratos que se utilizarán en plena actividad.

Una adecuada ingesta de grasas también permitirá absorber adecuadamente nutrientes liposolubles como lo son la vitamina A y E con función antioxidante.

Si priorizamos el consumo de ácidos grasos monoinsaturados, como por ejemplos los que encontramos en las nueces, la palta, en el aceite de oliva, podemos obtener ventajas sobre la reducción de la inflamación, así como sobre la circulación sanguínea, algo de gran importancia para la contracción muscular y la recuperación tras el esfuerzo. 

El consumo de ácidos grasos poliinsaturados disminuye el colesterol total y la concentración de “colesterol malo” en las arterias, un ejemplo son los ácidos linoleico, linolénico y araquidónico (tipos omega 3 y omega 6), presentes en los frutos secos, el pescado azul, caballa, salmón y algunas legumbres como la soja y sus derivados. 

En resumen, en la dieta no deben de faltar las grasas en una cantidad acorde con el estilo de vida de cada uno, pero sin sobrepasar el 30 % de las calorías diarias totales de la dieta y siempre priorizando las saludables.

Hay que intentar lograr que las grasas saturadas aporten como máximo el 5-8% de las calorías totales de la dieta diaria, las monoinsaturadas deberían aportar el 10-15% de las calorías totales diarias y las poliinsaturadas el 5-10% del total diario.

Los aceites hidrogenados (aceites denominados” trans”, producto de los procesos industriales a los que se sometes las grasas saturadas) deben evitarse y no superar el 3% del total de las calorías de la dieta diaria: bollería y pastelería industrial, alimentos procesados. 

Fuente: Obras Basket